Quisiera invitar a tomar café a la ansiedad, como lo hice ayer con la nostalgia. Pero no se está quieta, no puedo conseguir que se siente por un momento delante de una taza.
ACEPTARME Y ACEPTARLE COMO PROCESO EN CONSTANTE CAMBIO

Y me encantó la forma que tiene de describir ese dolor; ese dolor que sólo la angustia puede provocar en el pecho. Me gustó mucho la imagen del barco que no puede naufragar, pero tampoco puede navegar porque no tiene estrella que seguir, porque no sabe a dónde va.
Yo he sido ese barco, de hecho a veces soy todavía ese barco. Cuando no naufrago, porque no enfermo ni muero, pero tampoco navego con rumbo, porque no hay sentido que guie mi caminar. En estos momentos sólo existo.
Son momentos para meditabundear, momentos para estar en ese silencio del que hablaba ayer. Un silencio no conclusivo, un silencio del proceso, un silencio que sólo en alta mar se puede escuchar!
Es entonces cuando la nostalgia de vida buena toca a las puertas, porque la memoria y la imaginación se convierten en un gran espejo que no refleja lo que hoy soy, sino aquello que fui, o aquello que debería ser. De no ser así, ese sentimiento no tendría cuerpo para tocar a mis puertas.
Tengo que abrir, aunque lo hago con la cabeza baja. No puedo dejarla fuera, tampoco puedo dejarla entrar y encerrarla en un saco. Decido pues invitarla a tomar café.
"Adelante querida (o no tan querida) compañera" - le digo desde el esfuerzo integrador-
"¿De veras no molesto?, no quisiera llegar en mal momento, pero hoy he visto luz encendida en casa y he decidido pasarme, hacia tanto que te esperaba" - me dice con ternura vestida de negro-
"Hace días que he encendido la luz, y en principio no la voy a volver apagar. Así que sabes que siempre serás bienvenida. Dime pues cómo te puedo ayudar"
"Sólo con dejarme quedar aqui, cerca tuyo ya me siento mucho mejor. Pensaba que no querías saber de mi. Gracias por el café y las galletitas"
Se sentó, y estuvimos mirándonos a los ojos por un buen rato. Unos ojos negros, grandes y muy penetrantes tenía la Nostalgia.
A medida que se acababa su taza de café, parecía que se esfumaba. Y en cuanto volví de la cocina con un platito de fresas ella ya no estaba. La puerta ni se había abierto, ni cerrado. Se fué, aunque no sé si para no volver.....

Puedo imaginarme a la Tierra en estado agonizante, de hecho a veces me parece sentir una agonía semejante al saberme habitando un planeta que vive en la desigualdad, en la dejadez, en la suciedad, en el conflicto, en la mentira, en la ambición, en el "no se puede hacer nada, las cosas son así"...
Quiero compartir el miedo que siento al empezar a escribir este blog; quiero compartir el miedo que siento al escribir cada palabra y creer que será juzgada cuando sea leída. Probablemente me he acostumbrado a vivir en un mundo donde todos hacemos uso de nuestro don de visión, y de escucha para emitir juicios de lo que vemos, leemos y oímos. Sé que escribo desde el anonimato y eso (muy probablemente tontería) me da seguridad y me deja continuar tecleando en este piano de la modernidad.
Acepto ese miedo a "ser", lo encaro para mirarle a la cara y descubrir que es un niño en pijama que quiere dormir y no puede.
He decidido permitirme sentir el miedo a ser objeto de juicio. Ello me lleva a darme cuenta de un miedo a existir; a manifestar lo que soy, lo que pienso, lo que creo, lo que siento... Al darme cuenta de ese miedo, surge la rabia: " cómo es posible que YO (para mi personalidad hambrienta de reconocimiento y perfección) tenga miedo a "ser", a escribir lo que profundamente piensa y cree??".
Y bueno, lo curioso del caso es que cuando acepto ese miedo, y por ende acepto esa rabia que me nace luego de haber aceptado el miedo, me siento mejor!